San Blas vecinos comercio barrio Achalay

La vida durante estas semanas se ha vuelto más complicada, sobre todo para aquellas personas que ya vivían “al día” o en una situación bastante precaria. Además, hogares que nunca se previó que fuesen a caer en una situación de vulnerabilidad está recurriendo a la ayuda de asociaciones y entidades para poder sobrevivir. Los que más llevan en el barrio saben que esta situación va a empeorar la vida de muchos de los vecinos y vecinas. El futuro se presenta bastante complicado.

Agus es la presidenta de la Plataforma Vecinal de San Blas y Simancas, una asociación que lleva 23 años en el distrito y que está formada por voluntarios. “Todos éramos conscientes de que este es un barrio obrero y de gente muy mayor, y sabíamos que había familias que lo estaban pasando mal, pero con esto sale cada caso…” comenta. La Plataforma está dentro del grupo de apoyo vecinal, una iniciativa que intenta dar cobertura a los barrios del distrito. Al principio del confinamiento se organizaron para hacerle la compra a los vecinos más mayores o para cubrir alguna necesidad que pudieran tener, pero en las últimas semanas lo que más reciben son peticiones de personas que no tienen qué comer y que no saben adónde recurrir. “El perfil es gente que se ha quedado en el paro, que ha sufrido un ERTE, que le han reducido la jornada… por ejemplo, gente que trabajaba limpiando casas y haciendo chapuzas y claro, ¡todo eso ha desaparecido!”. Se están coordinando con la Plataforma de Trabajadores y Trabajadoras en paro (“Parados”) otra organización del barrio que normalmente se dedica al reparto de alimentos atendiendo las necesidades de las familias y personas que acuden a ellos solicitándoles ayuda, y que ya dispone de la logística e infraestructura adecuada para ello.

Los comercios que están abiertos también están sufriendo las consecuencias de la paralización de la economía. Aguantan como pueden con los pedidos a domicilio y procurándose ellos mismos materiales de protección frente al contagio. Maria Luisa es la propietaria de una casquería en la calle Castillo de Simancas, abierta desde hace casi 60 años y cuenta que nunca ha vivido nada igual, ni siquiera con la crisis de las vacas locas, que les afectó a ellos directamente. Explica también que a nivel vecinal la gente se está echando una mano, que muchas veces vienen las cuidadoras o las vecinas con encargos para los que no pueden salir. Otras veces es ella cuando cierra la tienda la que le acerca la compra a los clientes de toda la vida que están mayores o que viven solos y no pueden. “Me dicen: me lo deja Usted en el ascensor y le dejo ahí el dinero. Yo les contesto que da igual, que ya me lo pagará Usted cuando todo esto se pase si Dios quiere, o sea, dando facilidades.”

Luis es uno de los encargados de la droguería “Los Gemelos”, en Simancas, un negocio familiar que el pasado febrero celebró su 45 aniversario. Han colaborado con la Plataforma Vecinal con una recogida de material de limpieza de primera necesidad y aseo: desde lejía o papel higiénico a productos de higiene y limpieza, etc. Cuenta que aunque él y su hermano mantienen el orden de entrada en la tienda a la hora de atender, hay mucha gente que vive sola y que aprovecha el momento de la compra para desahogarse hablando con ellos. “Para nosotros los clientes son nuestra familia muchas veces, porque hemos visto ya hasta 3 generaciones”, explica. “Percibo el barrio mal, es un barrio muy obrero que ya se notó con la crisis gorda que las familias tiraban de los padres, de la gente jubilada (…) ahora hay mucha gente en paro, con ERTES…creo que lo peor está por venir”, sentencia. Desde la tienda, Luis ha visto pasar de todo. Una de las cosas que le preocupan es el uso que hace la gente del pago con la tarjeta de crédito, porque al no ver el dinero físico y poder aplazar el pago es muy fácil endeudarse. “Ojalá me equivoque del todo –dice- pero llevo muchos años detrás de un mostrador. Lo que temo es que sea pan para hoy y hambre para toda la vida”.

Otras muchas empresas han tenido que cerrar, declarar un ERTE o despedir a los trabajadores. Solo en el mes de abril, según datos del SEPE en abril se tramitaron 3,23 millones de expedientes individuales de cobro de la prestación, y la cifra se prevé que siga creciendo. Por eso las iniciativas solidarias que parten de los propios vecinos de los barrios y el trabajo que hacen las entidades sociales tienen un peso tan fundamental cuando los recursos disponibles no dan abasto para cubrir las necesidades. Ni siquiera, desde la Plataforma Vecinal, que llevan más de dos décadas trabajando por las necesidades de los vecinos recuerdan la crisis de 2008 con unos efectos tan impactantes como los que estamos viviendo. “Esto acaba de empezar. Esta situación de gente parada, con ERTES, que no pueden salir a trabajar… esto no se va a solucionar de la noche a la mañana, ¡y la gente tiene que comer!”, reitera Agus. Estamos viviendo tiempos complicados, y solo con el trabajo conjunto y coordinado de todos, empresas, administraciones, sociedad civil… podremos salir adelante.

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