Red vecinal Coronavirus

Desde su frutería en San Blas, Malek nota el miedo de los vecinos. Aparte de que ha bajado mucho la afluencia, dice que ya no ve a personas mayores por la calle. “Tienen miedo y van a comprar los hijos, la mayoría no sale”. Confinadas en pisos minúsculos y en situaciones precarias, muchas personas precisan de la red vecinal para poder vivir.

El distrito de San Blas-Canillejas en Madrid, surge como muchos otros barrios de la capital, con la remodelación urbana llevada a cabo en los años 50 y 60, reabsorbiendo núcleos chabolistas y poblaciones que rodeaban la ciudad para dar una solución al alojamiento obrero. Formado por 8 barrios, es una zona que ha ido evolucionando a lo largo de estas décadas, siempre con muchas necesidades y un marcado espíritu reivindicativo y solidario de sus vecinos, que gracias a su presión constante fueron consiguiendo dotaciones públicas básicas como colegios, parques, transporte público, etc. y enfrentándose en los años 80 y 90 a los problemas de las drogas y el paro, que en el distrito tuvieron mucho calado.

En la actualidad, sigue siendo un distrito obrero, aunque han ido creciendo urbanizaciones y nuevos edificios que van cambiando poco a poco la realidad en los diferentes barrios. Hoy llenan sus calles diferentes perfiles de vecinos: están los de siempre, pero también hay mucha población envejecida, familias, población inmigrante y jóvenes que huyen de la gentrificación del centro viviendo en apartamentos construidos hace más de 50 años con materiales de poca calidad y que rondan los 45m2. Según los datos del portal Idealista, el precio del alquiler en el distrito estaba sobre los 12’3€/m2 en el mes de marzo 2020, un porcentaje que había aumentado casi un 5% en el último año.

Lo que no cambia es el espíritu solidario vecinal, que en época de crisis supone una esperanza y un alivio para muchos de los vecinos. La Plataforma de Trabajadores y Trabajadoras en paro (“Parados”) es un movimiento social que nació con el 15M y lleva 8 años en el barrio, trabajando en el ámbito de la precariedad desde un punto de vista muy de base y crítico con la excesiva burocracia de las administraciones. Tienen una despensa autogestionada donde normalmente atendían a unas 50 familias. Ahora se han visto desbordados y están repartiendo de 350 a 380 menús diarios con el apoyo de una fundación y el soporte de otras entidades como el Grupo de Apoyo Vecinal, también creado para intentar cubrir las necesidades de los vecinos, y donde se integra también la Plataforma Vecinal de San Blas y Simancas. Nos cuenta Alba, miembro de «Parados», que estas últimas semanas el perfil de personas que vienen pidiendo comida es muy variado, “cada vez el trabajo es más precario y los salarios son más precarios, no llegan. Ahora con la situación que nos encontramos hay desde personas con un ERTE, otras que están tramitando el desempleo y otras a las que han despedido. Las familias que tenemos es gente que nunca se ha encontrado en esta situación y menos esperando una fila de personas para recoger un menú y poder comer ese día”, explica.

La realidad muestra una situación llena de aristas, donde muchas personas se quedan excluidas del sistema por no cumplir los requisitos administrativos, por la lentitud de la burocracia o porque coinciden en ellas una serie de situaciones de exclusión que hacen que los perfiles vulnerables lo tengan mucho más difícil para salir adelante. Shirley Ortega es una joven de 19 años que hasta el mes de marzo trabajaba de teleoperadora en una empresa telefónica que presentó un alto número de contagiados por COVID19. A finales de marzo cerraron la oficina y aunque en un principio le dijeron que iba a teletrabajar, finalmente una suspensión del contrato la dejó en la incertidumbre. Acaba de tramitar el paro, que espera pueda empezar a cobrar alguna prestación en el mes de mayo. Madre de un niño de 3 años, vive en casa con sus padres y hermanos, en total 8 personas, y su sueldo era una parte importante del soporte económico de la familia, vecina del barrio y usuaria del Centro de San Blas. Por el momento le toca esperar, pero tiene claro que quiere trabajarse un futuro y no va a quedarse de brazos cruzados. “Estoy preparándome para presentarme a selectividad ahora en junio. Tenía selectividad el año pasado, pero me salió una nota muy baja y quería repetir para sacar más. Antes tenía claro que quería hacer Derecho, ahora no se si Derecho o algo de Economía, porque me gustan ambas cosas”, nos cuenta.

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